Imagine you made me that akward question (And I pretend answer it)
Pienso en la frialdad del blanco sobre blanco, en la insinuación de algo que apenas es durante un breve momento y después no. Pienso en una falta de artificio sin reparar en la realidad absoluta por eso. Pienso en una canción que no es necesariamente fría, resuena gélida nos captura, nos envuelve a discreción desapareciendo casi de inmediato como la aurora, no sin antes presentarnos sus colores, fríos todos ellos.
Pienso en las demandas de los que ante todo deciden dar el rostro. Pienso en la forma más abstracta de crear un lindo retrato de la desesperación en lo cotidiano; pienso en los underdogs y los negados, en el doloroso punto neutro de no ser nadie y aún así tener una visión. Pienso en las heridas que nunca cerrarán, en las voces que siempre sonarán desgarradas, en los pasos aún sigilosos de quien no cree en las resoluciones definitivas.
Admiro a un ser frágil ante el reflector, admiro la luz quemando sus ojos y su inmovilidad ante el suceso, admiro cuando se esta al borde de las lagrimas, pero más admiración me causa el contenerlas, creando esa tensión de una catarsis sin acontecer. Admiro su disolución incómoda. Admiro la desconfianza hacia el progreso de la mano de la esperanza disfrazada de cinismo. Gusto en pensar en ese lugar donde nos sabemos timados perseguidos por la constante convención con el otro, decir repetidamente: “Entiendo, sigue tomándome el pelo, a cambio yo seguiré sonriendo”.
Pienso en lo mínimo, en su repetición, pienso en colores brillantes, pienso en blanco y negro. Pienso en decir groserías de la manera más elegante posible; pienso en mentar madres con el dedo meñique alzado con esnobismo. Pienso en los modales y los libros que no leímos –que no leeremos- . Pienso en lo que aprendo de una horda de borrachines e inadaptados, aplaudidos por exponer sus gracias ante nosotros –en realidad pienso en cierta embriaguez casi inexplicable-. Pienso en la ética y sus dilemas, en la horrible bifurcación de ser humilde y ser moral sin contradecirse de mal modo. Pienso en asquearme del hippie y el newager, pienso en vivir bajo los propios parámetros de libertad.
Pienso en el vacío, en la ausencia, etérea ella pues se la piensa en blanco, pienso en nuestros caballos galopantes.
Y por pensar coacciono politizar, dejar claro que en realidad no hay gran cosa que decir más allá de ese ruido, esos grabatos. Pienso en presenciar un momento bello que te permite contemplarlo sin espasmo… Solo así… bello… frío… próximo…inquietante.
Pienso en las demandas de los que ante todo deciden dar el rostro. Pienso en la forma más abstracta de crear un lindo retrato de la desesperación en lo cotidiano; pienso en los underdogs y los negados, en el doloroso punto neutro de no ser nadie y aún así tener una visión. Pienso en las heridas que nunca cerrarán, en las voces que siempre sonarán desgarradas, en los pasos aún sigilosos de quien no cree en las resoluciones definitivas.
Admiro a un ser frágil ante el reflector, admiro la luz quemando sus ojos y su inmovilidad ante el suceso, admiro cuando se esta al borde de las lagrimas, pero más admiración me causa el contenerlas, creando esa tensión de una catarsis sin acontecer. Admiro su disolución incómoda. Admiro la desconfianza hacia el progreso de la mano de la esperanza disfrazada de cinismo. Gusto en pensar en ese lugar donde nos sabemos timados perseguidos por la constante convención con el otro, decir repetidamente: “Entiendo, sigue tomándome el pelo, a cambio yo seguiré sonriendo”.
Pienso en lo mínimo, en su repetición, pienso en colores brillantes, pienso en blanco y negro. Pienso en decir groserías de la manera más elegante posible; pienso en mentar madres con el dedo meñique alzado con esnobismo. Pienso en los modales y los libros que no leímos –que no leeremos- . Pienso en lo que aprendo de una horda de borrachines e inadaptados, aplaudidos por exponer sus gracias ante nosotros –en realidad pienso en cierta embriaguez casi inexplicable-. Pienso en la ética y sus dilemas, en la horrible bifurcación de ser humilde y ser moral sin contradecirse de mal modo. Pienso en asquearme del hippie y el newager, pienso en vivir bajo los propios parámetros de libertad.
Pienso en el vacío, en la ausencia, etérea ella pues se la piensa en blanco, pienso en nuestros caballos galopantes.
Y por pensar coacciono politizar, dejar claro que en realidad no hay gran cosa que decir más allá de ese ruido, esos grabatos. Pienso en presenciar un momento bello que te permite contemplarlo sin espasmo… Solo así… bello… frío… próximo…inquietante.
Comentarios
me encanta ese asunto de las referencias aunque a mi parecer muy subjetivo pero muy sutil y por ello grandioso.
No, las resoluciones definitivas no existen.