Send away the tigers
Sony/Bmg 2007
Producido por Dave Eringa, Greg Haver y Loz Williams

El estribillo reza "your love alone is not enough not enough not enough", la primera vez en por lo menos una década en que los Manic Street Preachers colaboran con alguien en una canción, la elegida: la reina alternativa escandinava Nina Persson –de los Cardigans ya sabemos-. Como sí se tratase de una declaratoria de guerra al abandono y nostalgia provocadas por la desaparición y posible muerte del cuarto Manic: Richey Edwards. Guerra mutuamente declarada allá en 1995 cuando desapareció de su cuarto de hotel, la querella que marco un antes y un después para los Manics.
En ese antes la banda favorita de South Wales tenía clara en mente la idea de cómo debía funcionar una banda. Los hijos de los Sex Pistols y The Clash tenían perfectamente delimitada su misión y sus armas; sensacionalismo de prensa inglesa, actitud glam anti-stablishment, mutilación, alcohol, anorexia nerviosa masculina, riffs de guitarra todo deuda con Def Leppard y Guns & Roses, además de la aplanadora intelectual de las letras llenas de referencias y discursos políticos. También había un plan finamente estructurado en tres sencillos puntos según los galeses:
1-Sacar un disco de la enormidad de "Apetite for destruction" de GNR.
2-Subsiguiente gira alrededor del mundo, fruto del éxito del disco demoledor en cuestión.
3-Encabezar tres estadios de Wembley tres noches seguidas y de ahí al olvido.
Nadie los puede culpar, era 1992 y las cosas se pondrían difíciles para los Manics. Para 1998 conseguirían por fin los puntos de su manifiesto juvenil. En ese después marcado por la exposición constante de las heridas de saberse abandonados e impotentes por las enfermedades mentales de su segundo guitarrista, los Manics rehicieron su estrategia mientras nos hacían creer que de verdad everything must go. Nos doraron la píldora con esa música de rock arena que los llevo al centro del huracán, nominaciones al Nationwide Mercury Prize (1997 y 1999 respectivamente), números 1 en las listas y ni hablar, el estadio de Wembley; suficientes como para mandarlo todo al olvido como medicaba su manual.
Y ahora todo eso no importa.
"Send away the tigers" significa varias cosas, entre ellas el regreso a las raíces que los Manics por pudor escondieron durante largo tiempo. Basados en los riffs á la GNR de James Dean Bradfield y las baterías casi marciales de Sean Moore, los Manics echan mano de sus fuerzas primigenias, esas que los obligaron a ser un trío y presentarse tal cual. Como un trío, potente, poderoso y sin concesiones, once canciones que se van como agua, éxito radial tras éxito radial entrelazados por la voz de Bradfield siempre a punto de llorar –bastante notorio en "The second great depression"- y una batería que no deja de trotar cual caballo desbocado de un lado a otro. Nicky Wire –bajo y letras- hace lo suyo, componiendo esos himnos que llevaron a los Manics a ser los favoritos de Inglaterra, simplificando las letras con una sensibilidad pop indiscutible, rasurando la paja y haciéndose autoreferencia. Doctor honoris causa por la Universidad de Gales, es lo menos que esperábamos del cerebro Manic principal.
Las nuevas canciones de los Manics suenan como debieron seguir sonando hace más de diez años en vez de las canciones de melancolía que forjaron sus grandes éxitos; si esas canciones que nos enamoraron y volvieron a los Manics aspirantes al trono del britpop.
Las nuevas canciones de los Manics llenas de furia y denuncia social, pero con enternecedores mensajes de aliento, con una premisa principal: Richey Edwards se ha ido, lo lamentamos en el fondo de nuestros corazones, pero es tiempo de retomar a los Manic Street Preachers donde los dejamos.
Y sin culpas por seguir adelante.
Harto rock de estadio, una guitarra que no se deja domar que sigue el curso de la canción y la lleva a sus últimas (y nacas) consecuencias, citándose continuamente visitando sus éxitos -principalmente la era "Generation Terrorist", "Everything must go" y "This is my truth tell me yours"-gritos de hairmetal y hasta el descaro de hacerles honor a los Cardigans con el sencillo "Your love alone is not enough" y a Lennon en un track escondido: "Working class hero" pero como de bar cantina mugrosa rozándose con Aerosmith y Def Leppard sin mucha vergüenza al respecto. También huele un poquitín a meeeetaaaaaaaaaal pero lo amamos.
Aunque si alguien les pregunta: ¡¡¡suena a los Manics en toda su maldita gloria!!!
¡Dios y la Reina salven a los Manic Street Preachers!
Sin desperdicios pero pues …
"Your love alone is not enough" sencillazo por donde se le vea.
"The second great depression" trate de contener las lagrimas mientras la escucha, o las ganas de gritar al unísono de ella.
"Imperial bodybags" la envidia de las jóvenes bandas que quieren sonar a The clash, con muy afilada crítica a la guerra de moda.
"I´m just a patsy" naca la va a disfrutar.
"Working class hero" gran versión, miren que ponerle furia a Lennon no es cosa de todos los días.
Producido por Dave Eringa, Greg Haver y Loz Williams
El estribillo reza "your love alone is not enough not enough not enough", la primera vez en por lo menos una década en que los Manic Street Preachers colaboran con alguien en una canción, la elegida: la reina alternativa escandinava Nina Persson –de los Cardigans ya sabemos-. Como sí se tratase de una declaratoria de guerra al abandono y nostalgia provocadas por la desaparición y posible muerte del cuarto Manic: Richey Edwards. Guerra mutuamente declarada allá en 1995 cuando desapareció de su cuarto de hotel, la querella que marco un antes y un después para los Manics.
En ese antes la banda favorita de South Wales tenía clara en mente la idea de cómo debía funcionar una banda. Los hijos de los Sex Pistols y The Clash tenían perfectamente delimitada su misión y sus armas; sensacionalismo de prensa inglesa, actitud glam anti-stablishment, mutilación, alcohol, anorexia nerviosa masculina, riffs de guitarra todo deuda con Def Leppard y Guns & Roses, además de la aplanadora intelectual de las letras llenas de referencias y discursos políticos. También había un plan finamente estructurado en tres sencillos puntos según los galeses:
1-Sacar un disco de la enormidad de "Apetite for destruction" de GNR.
2-Subsiguiente gira alrededor del mundo, fruto del éxito del disco demoledor en cuestión.
3-Encabezar tres estadios de Wembley tres noches seguidas y de ahí al olvido.
Nadie los puede culpar, era 1992 y las cosas se pondrían difíciles para los Manics. Para 1998 conseguirían por fin los puntos de su manifiesto juvenil. En ese después marcado por la exposición constante de las heridas de saberse abandonados e impotentes por las enfermedades mentales de su segundo guitarrista, los Manics rehicieron su estrategia mientras nos hacían creer que de verdad everything must go. Nos doraron la píldora con esa música de rock arena que los llevo al centro del huracán, nominaciones al Nationwide Mercury Prize (1997 y 1999 respectivamente), números 1 en las listas y ni hablar, el estadio de Wembley; suficientes como para mandarlo todo al olvido como medicaba su manual.
Y ahora todo eso no importa.
"Send away the tigers" significa varias cosas, entre ellas el regreso a las raíces que los Manics por pudor escondieron durante largo tiempo. Basados en los riffs á la GNR de James Dean Bradfield y las baterías casi marciales de Sean Moore, los Manics echan mano de sus fuerzas primigenias, esas que los obligaron a ser un trío y presentarse tal cual. Como un trío, potente, poderoso y sin concesiones, once canciones que se van como agua, éxito radial tras éxito radial entrelazados por la voz de Bradfield siempre a punto de llorar –bastante notorio en "The second great depression"- y una batería que no deja de trotar cual caballo desbocado de un lado a otro. Nicky Wire –bajo y letras- hace lo suyo, componiendo esos himnos que llevaron a los Manics a ser los favoritos de Inglaterra, simplificando las letras con una sensibilidad pop indiscutible, rasurando la paja y haciéndose autoreferencia. Doctor honoris causa por la Universidad de Gales, es lo menos que esperábamos del cerebro Manic principal.
Las nuevas canciones de los Manics suenan como debieron seguir sonando hace más de diez años en vez de las canciones de melancolía que forjaron sus grandes éxitos; si esas canciones que nos enamoraron y volvieron a los Manics aspirantes al trono del britpop.
Las nuevas canciones de los Manics llenas de furia y denuncia social, pero con enternecedores mensajes de aliento, con una premisa principal: Richey Edwards se ha ido, lo lamentamos en el fondo de nuestros corazones, pero es tiempo de retomar a los Manic Street Preachers donde los dejamos.
Y sin culpas por seguir adelante.
Harto rock de estadio, una guitarra que no se deja domar que sigue el curso de la canción y la lleva a sus últimas (y nacas) consecuencias, citándose continuamente visitando sus éxitos -principalmente la era "Generation Terrorist", "Everything must go" y "This is my truth tell me yours"-gritos de hairmetal y hasta el descaro de hacerles honor a los Cardigans con el sencillo "Your love alone is not enough" y a Lennon en un track escondido: "Working class hero" pero como de bar cantina mugrosa rozándose con Aerosmith y Def Leppard sin mucha vergüenza al respecto. También huele un poquitín a meeeetaaaaaaaaaal pero lo amamos.
Aunque si alguien les pregunta: ¡¡¡suena a los Manics en toda su maldita gloria!!!
¡Dios y la Reina salven a los Manic Street Preachers!
Sin desperdicios pero pues …
"Your love alone is not enough" sencillazo por donde se le vea.
"The second great depression" trate de contener las lagrimas mientras la escucha, o las ganas de gritar al unísono de ella.
"Imperial bodybags" la envidia de las jóvenes bandas que quieren sonar a The clash, con muy afilada crítica a la guerra de moda.
"I´m just a patsy" naca la va a disfrutar.
"Working class hero" gran versión, miren que ponerle furia a Lennon no es cosa de todos los días.
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atte alex