Efecto dominó.
Emi 2008.
P. Ken Coomer & Charlie Brocco.
Experimentar. Supone cosa fácil para quien lleva 10 años haciéndolo. Experimentar a veces significa trotar por senderos por los que normalmente no se hace. ¿Por qué? Por historia, por desconocimiento, por miedo, pero principalmente por ignorar el camino. En el caso de Chetes y su sexta grabación de estudio (la segunda solo habrá de aclararse) el experimentar se puede entender como transitar por donde nadie en su posición había hecho antes.
Para quien experimentar resulta lo más natural del mundo, un disco como Blanco fácil (Emi 2006) fue buen momento para detenerse y analizar los logros en compañía. Zurdok y Vaquero fueron la antesala del vaticinado éxito solista. Éxito compuesto de algunos sobrantes del primer disco de Vaquero (2005), aderezadas con nuevas composiciones rebosantes de amor y esperanza. Las baladas que formaron el conjunto de Blanco fácil harían suponer que para la segunda incursión solitaria de Chetes, la experimentación sería plato de segunda mesa. Pero la experimentación no solo se reconoce en la vanguardia. En ocasiones experimentar es ir a la raíz.
Grabando constantemente en Nashville a lado de un otrora Wilco, el regio redescubrió las raíces de eso que él llama rock. Las raíces estadounidenses, para ser concretos. Blues y country llaman a Chetes a olvidar su conocido repertorio británico, y arriesgarse una vez más. Sin arreglos pomposos, un Chetes sencillo encuentra en los fraseos del blues un viejo aliado olvidado.
Olvidándose de lo logrado con Blanco fácil, Efecto dominó (Emi 2008) sugiere que Chetes esta libre de las ataduras y los compromisos acarreados por su recién adquirida fama, exponiendo a un Chetes de guitarra electrica, canciones directas y líricas torpes. Desafiando a quienes esperaban la coronación del rey de lo alternativo, con una música que en efecto poco se ha escuchado en México (por lo menos en lo mainstream). Nada más. Olvidémonos de las canciones de complicada estructura y los batallones de instrumentos, Chetes nos receta una franqueza que usualmente no le conocemos, no desprovisto de experimentar pero a través de lo clásico. Un sonido extraño en nuestras latitudes, pero que con paciencia se agradece. Buenas guitarras, baterías rápidas, un poco de swing bobalicón y porque no una baladilla furtiva. Un paso transitorio hacia terrenos, donde de llegar al otro lado del camino, Chetes puede volvernos a sorprender “como fue la primera vez”.
Oír:
Fuera de lugar.
Querer.
La primera vez.
El blues del diablo.
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