Third.



2008 Universal / The Island records group.
P. Barrows – Gibbons – Utley.

1
Diez años.

En un tiempo donde lo precoz es regla, tardar diez años en hacer un trabajo de Arte pudiera parecer inaudito. Aún más tratándose de la voraz y volátil industria musical. Para más de uno diez años equivale a la segura sepultura mediática. Diez años de olvido no se perdonan con facilidad.

Los últimos diez años Postishead dio señales difusas de vida. Un par de participaciones especiales en algún proyecto aislado, como el tributo a Serge Gainsbourg, además del disco solista de Beth Gibbons, donde los otros Portishead –Adrian Utley y Geoffrey Barrows- participaron detrás de las consolas e instrumentos. Eso fue todo desde el disco en vivo de la banda, el majestuoso Live NYC (Island, 1998). Después un silencio prolongado.

En diez años la esencia del sonido “electrónico” que vio nacer, no solo a Portishead, sino además a un puñado de bandas seminales en la escena musical británica durante los noventa (1990), ha desaparecido. Con dificultad aquellas bandas lograrían actualmente alguna nota importante en las publicaciones especializadas. La transformación sufrida por el trip-hop a finales de la década pasada, dio al traste con un “movimiento” que de entrada dudaba mucho de ser llamado tal cual. En todo caso los Trickys, los Goldies, los Ron Sizes y todos los demás parientes electrónicos hijos directos del rave, y la heroína, poco significan vanguardia como solían antaño. El trip-hop y toda su parentela electrónica inglesa: Drum & bass, beat-breaker, lo que hacía Dj Shadow y un largo etcétera, envejeció instantáneamente en un par de años. Para bien o para mal. Prácticamente ninguno de ellos extendería sus glorias al “exigente” siglo XXI.

En una década dominada por el sonido francés, en el terruño “electrónico”, ¿Qué respuesta sería la correcta para Portishead? ¿Cómo atender las expectativas de su retorno?

2
Renunciando a ser un grupo electrónico simplemente.

Diez años después los ingleses nos reciben con un poema recitado en portugués. Silence se abre camino percusivamente. Pronto nos percatamos de la ausencia de loops electrónicos, un Portishead análogo busca frenéticamente una cúspide inexistente durante casi un minuto y medio. Ahí aparece el lamento de Gibbons. Poco a poco la carrera galopante por llegar a esa cima adquiere la habitual estructura de una canción de Portishead. El éxtasis se adivina en la próxima y evidente catarsis. Es la canción de apertura, esto no puede estar pasando.

Y no pasa... Antes de la conclusión lógica de Silence, está es interrumpida abruptamente sin aviso alguno. El grand final que ansiamos es uno que jamás conoceremos. Es la metáfora adecuada para describir el retorno de Portishead.

Hunter, Nylon smile y The rip ofrecen vistas similares. Todas ellas son interrumpidas antes de su lógico final. Posiblemente Hunter sea la más cercana al Portishead anterior –bueno al sonido del disco solista de Gibbons-. Poco a poco nos adecuamos a un Portishead inusualmente rítmico, pero que conserva su carácter sombrío. En The rip sorprende que la guitarra este tocada con claro descuido, lo cual da fe de un grupo mas libre en su composición. Al mismo tiempo mas simple. Un solo loop o sonido puede dominar toda una canción sin mucho tapujo.

A partir de Plastic las obras maestras se suceden una a otra. Allí la sorpresa es un remate de batería al que se le sustraen centésimas de segundo. El efecto logrado es desconcertante, imaginativo y seductor. Los de Bristol se instalan en un punto intermedio donde el uso de la tecnología y tocar abandonadamente -como un grupo de rock kraut- catapulta sus posibilidades sónicas. En We carry on se cumple la profecía, un teclado análogo mantiene incólume su molesto zumbar. A la par el bajo construye una estructura rítmica abiertamente bailable. Por un momento llegamos a pensar que podríamos saltar de un instante a otro. Un ukulele nos regresa a la tierra antes de continuar con las hostilidades, Deep woods casi permite divisar un poco de sentido del humor, la breve balada es un efímero respiro antes de la suite final. Machine gun sigue en la línea de combate, un avión proveniente de un Casio tones no deja duda de la construcción sucia de estas atmósferas, a pesar de todo no hay misterios. Small transforma a Portishead en algún pariente cercano de Velvet Underground, todo es posible en el mundo de un grupo de vanguardia en pleno uso de sus habilidades musicales. Todo sin mostrar rastro mínimo de virtuosismo técnico.

La ansiada explosión ocurre al fin.

Threads y Magic Doors cierran el ciclo, los lamentos de Gibbons recorren los surcos finales de la odisea. Una vibración nos dice adiós.

Portishead no es mas esa banda de trip-hop depresivo, fraseos de tornamesa y sampleos de película de espías.
Es mas.
Mucho mas.
Y en esa clasificación cabe absolutamente todo, pues de ello son capaces. Y sí hay que esperar otros diez años para otra placa, los esperaremos. Ahora tenemos la certeza de que vale la pena aguardar.

-y pa’ que hablarles de las letras, ya saben de que tratan-

Comentarios

Radharani dijo…
mi hermana lo compró y me niego a pedírselo. debo tenerlo seee. Extráñote harto mijo, radha está fuera de lugar.
Vil Clinton dijo…
Me queda claro que Portishead vive en un mundo que no conoceré.
P dijo…
Todo el mundo sabe cómo es un partido de tenis entre dos personas. ¿Pero cómo sería un partido de tenis entre una persona?