Somewhere
Somewhere
Sofia Coppola (2010)
Una empresa fútil. Un automóvil de lujo da vueltas en un circuito a gran velocidad. Lo intuimos por que la cámara inmóvil solo permite ver el vehículo unos segundos, el resto es la espera; al fondo el estruendo de la máquina que explota, hasta que por fin miramos de nuevo el auto en cuestión.
La primera escena de Somewhere (Coppola, 2010) nos convida de un momento en la vida de Johnny Marco (Stephen Dorff). Actor de cine; sujeto sin predicado. Marco pasa los días entre las actividades que le exige su profesión y el sexo casual al interior del Chateau Martmont. Solo cambiando su rutina cuando Cleo (Elle Fanning) su hija de once años lo visita de vez en vez. Dicha rutina cambia drásticamente cuando Marco se ve forzado a cuidarla una temporada indefinida, la cual incluye una gira promocional a Italia.
Somewhere es la acumulación de momentos estáticos en la vida de Marco. El testimonial de la mirada de Cleo sobre la vida de su padre -que no necesariamente la de Coppola con el suyo- sin juicios. Un relato simple de pequeñas anécdotas domésticas que en ocasiones son severas confrontaciones ontológicas y en otras simples momentos sensoriales del placer mas puro. Coppola revela una vez mas el abanico de sus obsesiones por todos conocidas desde The Virgin Suicides (1999) hasta Marie Antoinette (2006); el confinamiento, la extrañeza, el relato de incómodos mundos privados privilegiados que los mas desconocen, la sutil tensión de las relaciones entre los seres humanos.
Coppola apuesta por los recursos que se le conocen y los lleva al extremo de la contemplación sensual, una mirada complicada y poco cinematográfica, probablemente en una estética mas cercana al arte conceptual. Dura en su lectura pero suave en sus muchos detalles. Detalles para mirar, para imaginar sabores, texturas y olores. Se regodea en los múltiples cuadros costumbristas que retrata.
No juzga a sus personajes, los esboza con sutiles pinceladas, apenas los dota de personalidad quizás porque no requieren que conozcamos tanto sobre ellos, quizá porque no hay tanto que contarnos -como Johnny mismo que vive en el sopor de su vida sin sentido-, quizá porque el guión es solo un pretexto para la contemplación. Coppola (re)crea el universo de las relaciones fraternales, pequeños momentos memorables que hablan del amor inexplicable e incondicional entre padres e hijos. La intimidad de los Marco y su extraño día a día encerrados en hoteles, comiendo y escuchando idiomas que no comprenden, pero cuyo vínculo trasciende la necesidad de comunicación, porque son los actos mismos los que revelan ese amor. La fusión del Ser con el Estar. La presencia que es testimonio de la existencia.
La cámara estática retrata solo lo que esta al frente, confrontando al espectador con la desnudez sin atributos psicológicos o simpatías de las que asirse de los personajes. La cámara es testigo de la vida sin afeites, en espera del momento en que cada quien revele el secreto que yace en el fondo de su corazón. Mientras tanto el cotidiano camina con miradas breves que hablan de complicidad y perdón.
En Somewhere nada se resuelve en medio de grandes dramas, se parece mas a la vida real, largos espacios de tiempo perdido en la búsqueda del momento de quiebre, y luego de nuevo el silencio. Háganse un favor y no la comparen con Lost in Translation (2003) es injusto para una película que revela a una artista de veta dura. Somewhere acontece en otro lugar de la psique humana, es menos una fábula que canta los vericuetos del romance moderno, es mas parecida a la vida. Poderosa en imágenes, delicada y sin concesiones. No requiere de mucho si son capaces de leer mas allá de lo evidente, si son capaces de enfrentarse a la vida misma.
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