3 Sueltos. The Green Hornet, Superficies límite, SITAC IX


The Green Hornet

Michel Gondry (2011)


Una anómala cantidad de carros voladores llenan la pantalla. No es la única peculiaridad en el devenir del avispón verde de Gondry. Las extrañezas sobran; una pareja protagónica con una tensión sexual homo-erótica latente, una "avejentada" actriz de soporte parodiándose a si misma, un villano con crisis de edad media y un héroe protagónico cuya principal virtud es ser un tamaño pelmazo. Contada así The Green Hornet (Gondry 2011) suena a receta para el desastre, sin embargo dista mucho de serlo, todo lo contrario; es un auténtico triunfo artístico de Gondry sobre el Hollywood que lo pedía a gritos dirigiendo un blockbuster taquillero.


El hijo dorado de la era del video en MTV lleva el guión del Rogen y Goldberg al paroxismo de la farsa, haciendo un filme francamente exagerado en tono, pero que le permite jugar como no lo había hecho en mucho tiempo. El alegato no es simplista. Gondry lleva la figura del súper héroe a donde nadie la había llevado. Britt Reid (Seth Rogen) es un gordo ocioso y acaudalado cuya nula meta en la vida lo hace querer ser paladín de la justicia. Lo que busca es acción y notoriedad para quitarse de encima la sombra de su padre (Tom Wilkinson), dueño de un periódico renombrado y comprometido. Así a lado de su patiño Kato (Jay Chou) evidentemente mas dotado en todo sentido que él, salen a limpiar la calles de Los Angeles logrando el efecto contrario al molestar al inseguro capo de la ciudad (Christoph Waltz).


El resto son explosiones violentas, asesinatos al mayoreo, "velado" homoerotismo, celos profesionales e inseguridades personales. Todo bajo la maravillosa visión fantasiosa de Gondry que al trivializar al súper héroe nos da cuenta de cuan absurda es esa idea y que lo único que queda es pitorrearse al respecto. Con hermosas imágenes, una edición trepidante, cámaras enloquecidas y aquello que podemos llamar el momento Gondry, el francés muestra el músculo, se nota confiado, sabe que sus productores y el guión le permiten tremenda hazaña. Michel Gondry esta de vuelta afortunadamente para todos.




Superficies Límites

Sofía Taboas en MACG


Nunca supe que pensar sobre el trabajo de Sofía Taboas (México D.F. 1968), siempre me quedo claro que era parte del rebaño Kurimanzutto y una de las partes activas de la modernización de la Esmeralda la década pasada, pero esos datos en mi pensar eran mas bien atribuibles a la fortuna, no al trabajo personal. Al final todo prejuicio parte de la ignorancia, y si Taboas es o no una artista valiosa, por lo menos lo que se puede ver en Superficies límite en el Museo Carrillo Gil se acerca mas a una respuesta afirmativa.


Mas allá de ser una revisión de mediana carrera -término francamente incómodo que trata de sustituir la idea de retrospectiva quien sabe porque- la exposición da cuenta exacta del trabajo de Taboas. Un lugar donde el minimalismo y la sensualidad se encuentran en un nivel básico de reflexión. Donde la escultura es en efecto, su forma mas tradicional, lo mismo engaño, que acumulación, que extracción, que sensación y textura. Es un manifiesto de forma y color que nos recuerda que mucho del arte contemporáneo tiene su raíz en las maneras mas básicas de hacer arte, y que no por eso no dejan paso a algo que cuesta trabajo nombrar como belleza.


Una excelente exposición en un museo al que le urgía una.




SITAC IX


Hace 9 años cuando SITAC (Simposio Internacional sobre Teoría de Arte Contemporáneo por sus siglas) vio su primera edición, Kurimanzutto -la influyente galería mexicana- tenía dos de existir. En su ponencia de aquel SITAC se preciaban de no tener un espacio fijo de trabajo, enarbolando la movilidad como su valor máximo. Para entonces Kurimanzutto representaba el pináculo del éxito de la posmodernidad, hacer de la movilidad statement sin morir en el intento. Eran los primeros años de nuevas instituciones en el arte mexicano, SITAC y Kurimanzutto fueron definitorias de los años por venir.


No sorprende que a nueve años del evento en cuestión SITAC IX fuera dirigido por un artista del rebaño Kurimanzutto: Eduardo Abaroa; a la mitad entre un académico informal (SOMA) y un arista de cierto respeto -un rebelde institucionalizado, pero no tanto-. Tampoco sorprende que inaugurará con una conferencia de Juan Villoro enarbolando la movilidad como valor supremo de la posmodernidad. Villoro inicio su parte hablando de aviones, aeropuertos y la supuesta incesante ansía de movimiento de los ciudadanos del siglo XXI. Era la invitación para hablar de calamidades durante los siguientes tres días.


Teoría de la catástrofe fue el disfraz elegido por Abaroa para volver a tocar los tópicos habituales del simposio; sus obsesiones por las relaciones del centro con la periferia, la observación del Otro como animal de zoológico, la redención social del gremio artístico mediante la acción comunitaria, la estetización de la pobreza y la pléyade de corrección política con sabor a izquierda de siempre, nos dieron pauta para pensar sobre la institucionalización de los valores que hace diez años los rebeldes impusieron cuando recién conquistaron el territorio que se le había negado. Ahora una década mas tarde se siente una deuda grande con estas instituciones, pero se siente también una sed de renovación que con Abaroa a cargo no alcanzó la gente de SITAC.


Aún así SITAC no deja de ser un espacio pertinente para la reflexión y este año aporto ponencias valiosas como las de Juan Villoro, Rubén Ortíz-Torres, George Osodi, Manuel De Landa, Superflex, Pablo Vargas-Lugo y Paula Sibilia. Urge renovar no el formato -que fue la apuesta de Abaroa- sino los tópicos, para que SITAC pueda terminar de consolidarse y hacer la transición hacía la madurez que le exige ser la institución regente en su rama.


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